PACIENTES MAS Y MEJOR INFORMADOS

Con el reconocimiento del principio de autonomía se fortalece el gran campo de la regulación social, donde el paciente juzga la calidad del médico, demanda y exige, denuncia y reclama. Hoy los médicos tenemos no sólo la responsabilidad del diagnóstico, pronóstico y tratamiento sino de identificar las expectativas del paciente, de modo que si son razonables, ¿por qué no satisfacerlas? y si son excesivas, acotarlas desde el principio. Debemos identificar qué tan competente es un enfermo, tanto para propósitos de que ejerza su autonomía como para estimar su aptitud para contender con su enfermedad. Estamos obligados a proporcionar información suficiente en términos comprensibles, para hacer efectivo el derecho a la autonomía, y a reconocer no sólo las demandas de los pacientes sino sus necesidades. En resumen, los médicos hemos adquirido nuevas responsabilidades, ciertamente no sencillas y muchas inéditas, inscritas en el marco del respeto por las personas como una consecuencia de la reflexión ética.