El protagonista de la atención médica hoy día es el paciente.
La organización de los servicios médicos procura la comodidad de los pacientes. Los médicos toman en cuenta la opinión de los pacientes en su toma de decisiones buscando el bien del paciente considerando sus deseos, temores, aspiraciones, gustos y aprensiones.
El médico no limita y mucho menos suprime la participación del paciente y le concede capacidad, conocimiento, ecuanimidad y objetividad. Hoy día la ética es secular o laica, más lógica y racional, prospectiva, multidisciplinaria, sistemática, flexible, transparente y global este cambio en la ética clínica da como producto un reconocimiento pleno a la autonomía del paciente.
Con el principio de autonomía se reconoce el derecho de los pacientes a tomar decisiones, aun cuando no sean las mejores desde una perspectiva sanitaria, incluso negarse a seguir las prescripciones de los médicos si no les parecen apropiadas. Por supuesto que el ejercicio de la autonomía supone personas competentes, libres de coacción y con información suficiente.